Margaux Vigie, siempre en una bicicleta

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“Para mí, la velocidad significa una libertad, un sentimiento eufórico de bienestar y de alegría”. Empieza fuerte Margaux Vigie, ciclista hoy, patinadora antes, quien vivió en Barcelona hace ya cinco años para sus estudios de fisioterapeuta. Una vida que vive: “Viniendo de un pueblo, el primer año en Barcelona lo pasé para descubrir la ciudad, andando o en bici, alargaba un montón las salidas dentro de Barcelona y así buscar un piso, conociendo el ambiente del barrio y saber dónde mirar”.

El flechazo del piñón fijo 

Y de esas salidas empezó su cariño por el piñón fijo, una historia, que ella misma define como bonita: “Estaba en un grupo de salidas en Facebook “Ridemeeting”. Una mañana quedé con un nuevo amigo italiano que no pudo venir por estar enfermo, pero un amigo suyo vino en su lugar. Después de dos horas de marcha, paramos al café y me dijo: “Estoy montando un equipo de piñón fijo y como veo que vas bien en la bici, ¿te animarías a venir con nosotros?”. 

Así comenzó con el Veneto Squadra Corse para el critérium de la Vall d’Uixo y el RedHook Crit de Barcelona. Al año siguiente ficharía por el Santa Fixie“Guardo un gran recuerdo de mis años en piñón fijo, somos una familia enorme. Recuerdo un RHC en Londres con todos, el olor del desayuno de pan con tomate, aceite, huevos… del ambiente familia en la casa, todas estas risas, la fiesta de después”. 

Del piñón fijo admite que “me gustó por que te impide tener miedo a tomar las curvas, ni a caerte, aunque ya traía practica de mi época de patinadora de velocidad”.  Pero no fue suficiente, y Margaux quiso probar más, y entró en el ciclismo de carretera. ¿por qué? “Es una manera de vivir de una pasión, y que si no lo pruebo ahora… ¿Cuándo? ¿En 10 años? Así que ahora y mejor no arrepentirse”. 

Ahora en la carretera 

Su paso al Casa Dorada Women Cycling Team viene precedido de una buena campaña de piñón fijo. “Dejé caer que me gustaría dar el paso e intentar de entrar en un equipo profesional, por que sabía que tenía aún margen para progresar. A través de un amigo de Madrid, llegué al director deportivo del equipo quien se interesó por esa franchute que iba sin freno”.

En la carretera admite que “no quiero ser una chica más en pelotón, quiero que la gente y mis compañeras de equipo me vean como un apoyo y una actora en la carrera. Después ya veremos dónde llegamos. Vestir el maillot de la selección francesa me haría mucha ilusión, pero todo en su tiempo”. 

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Para ella, lo que se aprecia en el ciclismo femenino no deja de ser lo mismo que en la vida general: “Somos menos interesantes, y de ahí diferencia de sueldo, lo que no deja de ser injusto. Por ejemplo no entiendo esa percepción de que las chicas se caen por falta de técnica, mira la caída general en el BinkcBank Tour, y al contrario de los hombres, nuestras carreras son interesantes, más cortas pero más intensas, con movimientos de carrera, ataques y escapadas. Como me dice mi abuelo, durante las grandes Vueltas, hace la siesta hasta 20km de la meta, con las chicas no puede por que el comentarista sube la voz demasiado”. 

Ahora Margaux vive descubriendo Bérgamo, sabiendo de “los secretos de la ciudad, leyendo un montón, conociendo carreteritas para cambiar los itinerarios de entreno y sabiendo de la cocina local y sus secretos. Me gusta mucho la gastronomía y aprender todo relacionado con ella, desde historias de las recetas y trucos de chef a ingredientes nuevos”. 

Por Ibán Vega, El Cuaderno de JoanSeguidor

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