El primer Tour en septiembre ya está aquí

el primer tour de septiembre
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Este sábado, el último de este sofocante agosto, se abre el Tour de Francia en Niza. Es el Tour 2020, el primero de nuestras vidas en septiembre, el primero desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial que no se corre en julio. Sin embargo según estaban, estuvieron y están las cosas, tener Tour este año es un regalo, un clavo al que agarrarnos al final de cinco semanas de intensa competición que nos ha saciado en parte el gran vacío que este maldito 2020 dejó entre los aficionados al ciclismo.Así las cosas, Niza, la gran ciudad de la Costa Azul se ha engalanado al tiempo que protegido para la salida de la carrera cuya sola celebración justifica la existencia de muchos equipos. Una edición que, emplazada en el final del verano, a las puertas del otoño, ofrece también alicientes y atractivos para ser seguida, esperemos, hasta el mismo día que se pise París.

Una edición muy abierta

Sea por las fechas, sea por el frenesí competitivo de este agosto, con no pocos sustos y lesiones, sea por lo que fuere, el “Tour veinte-veinte” presenta uno de los carteles más abiertos de siempre. Tom Dumoilin, segundo hace un par de años, referencia inequívoca en la lucha por el maillot amarillo, apunta hasta veinte ciclistas que pueden dar el salto hasta el punto más alto del cajón parisino. Nosotros no sabemos si nos salen tantos nombres, pero lo cierto es que si algo tiene este Tour es que muchos de los grandes nombres llegan
tocados y con molestias, sin la certeza de que han tenido el mejor camino hasta Niza.

En un listado rápido de aspirantes, cualquier quiniela le pondría las cinco estrellas al ganador saliente Egan Bernal y al esloveno Primoz Roglic, vencedor de la Vuelta del año pasado, y muy sólido hasta la fecha, hasta que pudo correr, pues no consiguió
finalizar el gran test del Tour, el Dauphiné, por una caída que le tiene en duda hasta el último momento. De hecho Egan Bernal tampoco acabó la carrera ensayo por molestias en la espalda.

Es por eso que muchos miran alrededor y aprecian las opciones de ciclistas como el
mentado Tom Dumoulin, la incógnita Richard Carapaz -quien iba para el Giro y se suma al Ineos Grenadiers para ayudar a Bernal-, el temperamental Miguel Ángel López, el calculador Emmanuel Buchmann, el eterno Nairo Quintana y el joven Tadeg Pogacar,
quien llega anónimo entre otras estrellas, pero que tiene una calidad inmensa.

El cartel francés sigue con su cartel clásico Pinot-Bardet-Alaphilippe, en el que sólo el primero parece con aspiraciones reales para algo importante, mientras que el ciclismo español deposita sus esperanzas en el indescifrable Mikel Landa, porque Movistar, con
Soler, Mas y Valverde, no acaba de carburar.

Un recorrido descompensado

Por delante tres semanas de ciclismo, si, como todo este año, la pandemia lo permite. Seamos no obstante optimistas y veamos un trazado que poco o nada tiene que ver con los perfiles típicos e históricos del Tour, con una sola crono, muy al final, de sólo
36 kilómetros y final en alto en La Planche des Belles Filles, tras seis kilómetros de ascensión.

Antes desde Niza, la carrera prepara trampas y llegadas complicadas. Ya desde el primero de septiembre, una primera llegada en alto a Ocières-Merlette, una cima legendaria de tiempos de Ocaña y Merckx. La primera semana romperá en Pirineos con un aliciente, ver el emblemático Marie Blanque, ascendido por tantos aficionados, cerca de la meta de Pau. La segunda semana será por el corazón del hexágono, es decir Macizo Central pero no en julio, es decir, con mucho menos calor. La tercera será la de los Alpes, que se abren
coronando la Grand Colombiere e incluye una llegada inédita al Col de la Loze, allá arriba en Méribel, después de la mítica Madaleine.

Sentémonos pues a disfrutar del mejor espectáculo, en versión septiembre y con protocolos de seguridad invadiendo las cunetas, y crucemos los dedos para que este enemigo invisible no nos deje sin el Tour más singular de la historia, uno que, si todo
sale bien, habremos tenido la suerte de ver.

Por Ibán Vega, El Cuaderno de JoanSeguidor

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