El ciclismo profesional revive

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Cuando Nairo Quintana ganó la etapa reina de la París-Niza aquel sábado que nos decretaron el estado de alarma, corría la certeza que el pelotón internacional estaría un tiempo en hibernación a causa de la pandemia del coronavirus. Un periodo que entonces nadie podía imaginar cuán largo seria, ni que daño iba a infringir a las débiles estructuras ciclistas, tanto equipos como organizaciones.

Superado el primer shock, la campaña ciclista dio una patada hacia delante, fijando para finales de julio e inicios de agosto la recuperación de la actividad. Por el momento, todo va según lo programado y esto es, a grandes rasgos, el Tour en septiembre, el Giro en octubre y la Vuelta entre octubre y noviembre. Por medio clásicas, monumentos, mundiales en Suiza y carreras cuya celebración se consideró estratégica para salvar un año tan atípico como nocivo.

Burgos levantó el telón

Como la Bundesliga en el fútbol europeo, la Vuelta a Burgos tuvo desde el inicio el foco de todos como punto de reinicio de la campaña ciclista, aunque anteriormente se habían celebrado alguna que otra carrera, de perfil menor, Burgos marcaba el nuevo escenario, y no era sencillo, conjugar las necesidades del ciclismo profesional, siempre en movimiento con la nueva realidad que imponía el coronavirus.

La Vuelta a Burgos creó desde cero un protocolo que tuvo, como principal objetivo, minimizar lo máximo posible el riesgo de contagios y rebrotes, palabras tan instaladas como el aire que respiramos.

Diario Ideal

Días después podemos decir que Burgos paso el examen, cumplió con nota en la llamada nueva normalidad. Hubo un par de sustos, un corredor del Israel Start-Up Nation, próximo equipo de Chris Froome, y con tres colombianos del UAE Team, todos habían tenido contacto con un infectado por coronavirus, se les apartó y aisló convenientemente, pero la competición pudo llegar al final.

La carrera cuyo líder viste de morado coronó un ciclista que viene para marcar un antes y un después, Remco Evenepoel, 20 primaveras, se batió en las dos llegadas en alto ante el cartel de estrellas que la carrera reunió para la ocasión. Una victoria de esas que saben bien, pues Burgos queda ya en el palmarés de un ciclista que amenaza con marcar una época.

EFE

El primero de agosto, sábado, el ciclismo vivió otra jornada grande. La Strade Bianche es una clásica relativamente joven que se ha instalado en el corazón de los aficionados. Su ciclismo de otra época, por las carreteras blancas de la Toscana y final en la coronilla de Siena, ha calado y ofrecido grandes estampas. El ganador de una carrera tan especial, habitualmente situada en marzo, fue el tres veces campeón del mundo de ciclocross Wout Van Aert, esta vez sí certero en su ataque.

El ciclismo prosigue su camino en medio de las curvas de la pandemia, extremando precauciones y mirando con preocupación aquellos aficionados que se acercan a las cuentas desprovistos de mascarilla.

En la Route d´Occitane, el vigente ganador del Tour, Egan Bernal demostró haber hecho los deberes para defender su dorsal a partir del 29 de agosto en Niza, entonces veremos si los esfuerzos por devolver el ciclismo profesional a la actividad han merecido, o no, la pena. Mientras disfrutaremos de lo que podamos y por el camino tenemos ciclismo casi todos lo días hasta entonces.

GETTY

Por Ibán Vega, El cuaderno de JoanSeguidor

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